Origen del Colectivo



En 1975 tres personas iniciamos la aventura de rodar las imágenes y sonidos de la oposición en España al régimen de Franco. Andrés Linares, Tino Calabuig y Adolfo Garijo formamos hasta el año 1977 El Colectivo de Cine de Madrid. Antes lo había intentado Miguel Hermoso, pero detenido y preso en Carabanchel, estaba quemado para los rodajes callejeros.

Teníamos contactos con la organización, entonces clandestina pero muy poderosa, del Partido Comunista de España en la Universidad de Madrid. Con la Agrupación de Cine del PCE, y también entre profesionales no adeptos al régimen franquista. Todos nos animaron a seguir adelante con nuestros arriesgados propósitos.

Contábamos con dos viejas cámaras de cine de 16 mm. Una de ellas de cuerda y la otra con baterías y objetivo zoom. Y un aparato Huer (luego sería un Nagra) para grabar sonido. Todo el mundo pensaba que los tres seríamos detenidos pronto, y nosotros mismos paticipábamos de los mismos sombríos presagios.

Rodar en aquella época en las calles de España cualquier tipo de manifestación, era algo que no podía hacer ningún profesional. Primero, porque si pertenecía a cualquier plantilla oficial , como NODO o TVE, les estaba prohibido hacerlo. Y si era un profesional autónomo no estaría lo suficientemente loco como para arriesgarse a que le cerraran el negocio y le metieran a la cárcel. Los únicos que podían intentar filmar eran los cámaras extranjeros: a estos sólo les quitaban el material sin meterles a la cárcel, pero resultaba fácil en extremo para la policía quitarles el material, en medio, o después de la manifestación. El resultado era con cárcel, o sin ella, que las imágenes que salían de la oposición española hacia el exterior eran muy pocas, por no decir, ninguna.

En el Colectivo actuábamos de manera diferente. Debido a los años de militancia en Universidad y a otros contactos con la Agrupación de Cine del Partido, sabíamos cuando y dónde se celebrarían los comandos. Todos los técnicos y directores de cine del PCE nos prestaban apoyo logístico como película, facilidades para acceder a salas de montaje y parabienes diversos. Pero a la hora de acudir a rodar alguna acción, ya era harina de otro costal. La duda en aquellos años siempre estaba en el aire: con los datos que la policía tenía, con lo concidos que eran los integrantes de una oposición cada vez menos clandestina ¿Habría un gran baño de sangre como en Chile, como en España en 1936?.

En el Colectivo nos relacionábamos entre nosotros y con otros camaradas del PCE lo extrictamente necesario para rodar y montar los materiales. Los vehículos eran nuestros. Los almacenes, las casa de Tino y Andrés. Los gastos los pagábamos entre todos hasta que organizamos una cadena de distribución que nos autofinanciaba.

Los comienzos fueron difíciles y extenuantes. Revelábamos los materiales en París (luego sería en Fotofilm ), los montábamos escondidos en sótanos con moviolas prestadas. Pedíamos película virgen a los mismos conocidos a quienes enseñábamos el fruto de nuestros rodajes en pequeñas reuniones clandestinas. Siempre con el riesgo de ir a la cárcel, o de recibir una paliza, o un disparo de la policía, o de los Guerrilleros de Cristo Rey.







Relato Novelado


Vitoria. Colectivo de Cine de Madrid. 1975-1977.

Adolfo Garijo Mazarío.



En un día agotador, caída ya la tarde tras la impresionante manifestación que fue el entierro, la gente de Comisiones nos llevó al escenario donde habían ocurrido los hechos. En las paredes se veían los impactos de bala y aún quedaba sangre en el suelo donde alguien había sido abatido. Sonó la primera alarma. Borrachos de multitud como nunca lo habíamos estado en esa contradictoria y reprimida España post-Franquista, habíamos rodado por primera vez sin interferencias policiales, porque la policía, -la uniformada- no estaba en la calle.

Se había ordenado que permanecieran en los cuarteles para no provocar una nueva masacre. Quizá el mismo ministro que había dicho con tan poca fortuna que la calle era suya, había decidido tener la jornada en paz y dejarles la calle a los ciudadanos. Era la primera vez en casi 40 años, desde que había acabado una guerra civil que ninguno de nosotros había visto, pero de la que sin cesar oíamos hablar. Acabado el entierro se acabó la tregua. Los grises hacían su aparición en la calle.

Con la presencia de la policía, lo que restaba de euforia se transformó en alerta. Aún así insistimos en hacer una última entrevista a familiares de las víctimas. Estábamos agotados, no habíamos comido y eso que ya eran las cinco de la tarde, pero queríamos apurar las posibilidades que tuviéramos, rodar todo lo que fuera posible. Francisco nos advirtió:
-Os buscan a vosotros y a los otros… -un equipo de TV Alemana, pero de verdad, había rodado también parte del entierro- …si os quedáis aquí, os cogerán.
-Sólo esta entrevista.

Le dijimos. El de Comisiones (obreras) no dijo nada. Se limitó a llevarnos hasta unos pisos de protección oficial frente a los que nos esperaban paseando disimuladamente para establecer una discreta vigilancia, otros camaradas del Partido. Paramos. No han venido sociales (así llamábamos a los temidos policías de la Brigada Político Social) se puede subir. Os esperan.

Subimos a un piso de 70 u 80 metros cuadrados. Un hombre de unos 50 años, su mujer y una hija, nos recibieron. Habían matado a su hijo. Pasamos a un cuarto de estar. La euforia de vernos entre una multitud que copaba las principales calles de Vitoria y gritaba contra la dictadura, había dado paso al tremendo drama humano de una familia ante la muerte. Sobrecogía. Rápida y silenciosamente, enchufamos los cacharros. Quico a la cámara, yo cuidando los cables, Tomás el sonido que era sincrónico. Juan hacía las preguntas.
Juan dijo: ¡Cámara!.
Quico: ¡Rodando!.
Juan: ¡Acción!.

Lo dijo despacio, callado, casi para no molestar. Entonces, el padre que quería ser entrevistado y hablar de la injusticia de la muerte de su hijo, sufrió una rotura en sus entrañas y comenzó a llorar. Sólo se oían sus sollozos y el sonido de la Bolieu que no estaba bien insonorizada. Tomás grababa el sonido: sollozos o lágrimas silenciosas. Nadie hablaba. La cámara rodaba y rodaba y el pobre hombre lloraba y lloraba, con unas lágrimas como cataratas de agua o trozos desgajados de sufrimiento que salían a borbotones de sus órbitas para no torturarle más el corazón desolado. Su llanto duró varios eternos minutos. Quería hablar, pero el llanto ni le dejaba, ni amainaba. Alguien dijo: ¡Apaga!. Apagamos todo, recogimos y salimos en silencio de aquella casa, perdido el baño de las multitudes, disuelto entre lágrimas.

Regresamos en el coche verde de Quico hasta Madrid, en un silencio espeso que nos había amargado el baño de multitudinario antifranquismo, transformándolo en tristeza y horror por el sufrimiento contagiado, por la muerte innecesaria, por el pequeño y enorme dolor de una familia que pesaba más que la opresión de todas las dictaduras (y que todos los gritos de ¡¡España mañana será republicana!!)."



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Memoria de los Comuneros


Memoria de la Resistencia.

Tino Calabuig París.

Extracto. paginas 01 y 02



"(El antifranquismo en el arte y la cultura ) es un proyecto que pretende rescatar de nuestro pasado ya no tan reciente los nombres de numerosos artistas, intelectuales, profesionales y trabajadores de la cultura y situarles en el marco histórico y político en el que se produjeron. ¿Acaso se podría olvidar el impacto de la actuación de Raimon en la Facultad dePoliticas de Madrid? ¿O el cartel por laAmnistía de Juan Genovés, o la obras del Equipo Crónica, Estampa Popular. El taller Redor, etc.

Cantantes como Victor Manuel, Paco Ibañez, Lluis LLach, Ovidi Monllor, Luis Pastor, Hilario Camacho, Jose Antonio Labordeta, Elisa Serna, Julia León, etc, etc.

Dentro de las actividades clandestinas de los cineastas destacan los trabajos del grupo denominado Colectivo de Cine de Madrid integrado por Tino Calabuig, Andrés Linares, Adolfo Garijo (Fito), María Miró y colaboradores como Esteban Roman Ramón Manzanares, Juan Antonio Bardem, Augusto Fernández-Balbuena, Luis Cano, Pedro Rosado, Lalo Robles, Luciano Berriatua, José Luis García Sánchez y el productor Luis Mejino. También las montadoras Carmen Frías y Rori Sainz de Rozas, y Luis Villar e Iván Aledo. Sin olvidar a otros colectivos de otros lugares.

Entre Diciembre de 1975 y Junio de 1977 el Colectivo realizó los siguientes documentales: “Raimon” sobre el recital de Madrid, “Amnistía y Libertad” sobre los sucesos políticos hasta el 1º de Mayo, “Vitoria” sobre los acontecimientos de Marzo del 76, “Hasta Siempre en la Libertad” sobre el asesinato de los abogados, “Voces para Unir” sobre la fiesta de la cultura en Gijón."



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Memoria de los Comuneros













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Amnistía y Libertad


Manifestaciones en los años 1975 y 1976 por la Amnistía y la Democracia en España. Imágenes rodadas por militantes antifranquistas integrados en el Colectivo de Cine de Madrid.










Sucesos de Vitoria


Documental rodado en 1976 en la ciudad de Vitoria. Donde una manifestacion de obreros que pedía aumento de sueldo fue tiroteada por la policía. Tras la "masacre" de manifestantes en Vitoria, se retiró a la policía de la calle y se permitió el entierro de los trabajadores










Hasta siempre en la Libertad


La manifestación de miembros del PCE y simpatizantes antifranquistas en el centro de Madrid, dio paso a la legalización de los partidos políticos en España.










Voces para unir


Las canciones grabadas en el Festival de Gijón en plena Transición hacia la España democrática, son para los que las recordamos, auténticos iconos de la lucha por la libertad. .










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